Escribo porque hubo un momento como médico y como ser humano en el que entendí que el conocimiento que no se comparte se pierde, y la experiencia que no se narra se repite en silencio.
Escribo porque detrás de cada diagnóstico hay una historia que no aparece en la historia clínica. Porque la medicina no solo se ejerce con bisturí o con ciencia, sino también con palabra, reflexión y conciencia. Porque he visto cómo una decisión a tiempo, una idea bien argumentada o una duda expresada con honestidad pueden cambiar el rumbo de un paciente, de la historia, nuestra historia.
Escribo para ordenar preguntas que muchos tienen y pocos se atreven a formular. Para dejar constancia de lo aprendido en el quirófano, en los congresos, en los errores y en los aciertos. Para dialogar con quienes creen —como yo— que la medicina debe pensarse, cuestionarse y humanizarse todos los días.
Si alguna vez te has preguntado por qué hacemos lo que hacemos, qué nos define como médicos o qué queda después de cada caso, entonces estás en el lugar correcto.
Sigo escribiendo porque aún hay mucho por decir… y mucho por leer.